Discazo, discazo, discazo. Mucha seriedad, señores, la de este trabajo de Erik Voeks, y que desde su edición allá por el 93 (Rockville Records) ha aglutinado una buena parroquia de fieles seguidores, gente de buen gusto y, curiosamente, bastante pro-activa en esto del rock.
Me vienen a la cabeza ahora Juan L. Ferrari, guitarra de Clovis (y con nutrido historial a su espalda, Los Brujos incluidos), la gente de Love to Art / Bittersweet (David & Tomás), los Shannons... Tipos con clase, como la que derrocha este tratado de pop quintaesencial, lleno de temazos imbatibles, canciones en estado puro.
Casi nadie estaba por la labor de dedicar tiempo y dinero a ese pequeño contingente de artesanos de la melodía, juanpalomos de la composición capaces de sacar adelante un disco con cuatro duros y un puñado de compinches que ayudaran a dar forma a canciones perfectas.
Seguro que por todo esto al final "Sandbox" pasó desapercibido, de hecho ni siquiera fue fácil de conseguir entonces, cuando no teníamos ni amazons ni buscadores google para escrutar el supermercado global. El caso es que el tiempo lo ha puesto en su sitio.
Como lo que es, uno de los mejores discos de cantautor pop de la década de los 90, en el que destaca la sobresaliente producción de Voeks, Pat Hawley y -claro- Adam Schmitt, en la que las guitarras (algunas a cargo del ex-Wilco Jay Bennet, ¡qué pequeño es el mundo!) mandan con gran savoir faire, sin aturullar , y la cercana voz de Erick Voeks seduce como si de un clásico de los 60 se tratara.

