PARIS 29 de Septiembre -2012 Sala Olimpia
Roscoe Beck, director musical y estratega de los sentidos, hubo de recolocar sus piezas. La baja de Dino Soldo, el hombre del viento, le ha obligado a apuestas audaces. Javier Mas cambia su número diez por otro menos relevante. Lo ha cedido a un joven pupilo suyo, moldavo afincado en Barcelona, de formación y desempeño rigurosamente clásicos. Él, desde su silla, tiene la responsabilidad de suplir a Soldo, el músico que miraba las sillas con desdén, y de transformar el mensaje musical, y de adelantar al propio Mas.
El resultado rasga el estilo mediterráneo y entrega clasicismo. Aquel momento estelar, aquella exhibición arabesca introduciendo "Who by fire" suena ahora a guitarra clàsica, aun con el soporte de esa hermosa guitarra negra que Cohen arpegia a bajo volumen y a intensa cadencia, concentrando su mirada en el "pastor de las cuerdas",.
A la izquierda de Cohen antes sólo había una silla. Ahora goza de toda una sección de cuerda. Escoltan al violín de Bublitchi, Mas y un guitarrista tranquilo, tejano y bregado al lado de Lyle Lovett en los sonidos de su tierra, que no llega a levantarse, ni siquiera para rendir tributo al partisano. Fue presentado en "Bird on a wire"..
"On vous donnera tout ce qu'on a", obviedad de Cohen al terminar "Dance me... y respuesta al regalo de una audiencia levantada de sus asientos aplaudiendo entusiasta su irrupción en el escenario antes de cantar, sin las emociones aún alteradas.
De nuevo las sillas, hasta las hermanas Webb se sientan para entonar Sisters of Mercy. En contraposiciòn Gayol sube sus volúmenes y hace notar su bombo y su chaston en Everybody knows, no se sabe si por la acústica de la vieja sala Olympia o por voluntad de los ingenieros .Sharon Robinson habla de su vida secreta, de la que coexiste con la pública y con la privada y Hattie Webb alcanza categoría de solista en Waiting for a Miracle en un brillante duo de intensidades tonales contrapuestas con Cohen.
Anthem cierra la primera parte. El violín no consigue aquella plenitud del sonido, aquella producciòn modèlica de hace unos meses. Y Cohen presenta a todos. Con Beck repara en nuevos calificativos. Amigo, veterano y víctima. Se va saltando porque dice estar trabajando por una sonrisa.
Tras el descanso, los mismos ambientes, propiciados por los dos "novatos". Pareciera uno estar en una cantina de Texas cuando suena Heart with no Companion. La esposa que agitanaron la bandurria de Mas y los clarinetes de Soldo pierde raza.
El partisano es memorable. La banda se alinea con solemnidad. Larsson coge el acordeòn. Las estrofas en francès ponen en pié a la audiencia que estalla Cuando escucha "J'ai la France entiere". Esos mismos andares militares, menos solemnes, se revelan tambièn en Democracy. Recoge el testigo Sharon Robinson cantando Alexandra leaving y Hattie Webb de nuevo es solista en Take this Waltz.
Y Cohen desea a sus fieles que encuentren al regresar a sus casas el cobijo de familia y de sus amigos, o el consuelo y disfrute de su soledad. Y habla de su sombrero como màscara que afronta la vejez. Sus ojos brillan. Ni rastro de ese tono claro y apagado, quemado por la luz que antecede al final.